Miss you

Lo que menos me gusta de echar de menos a alguien es que funciona a rachas. A días. Por momentos. En lugares concretos. Cuando menos te lo esperas. Llega sin avisar. Se queda un tiempo indefinido. No puedes dejar de hacerlo. Aunque lo intentes. Escuece. Duele. Quema. Pica. Desgarra. Rompe. Congela. Hiela. Arde. Arranca. Hiere. Desquebraja. Te hunde. Te asfixia. ¿He dicho qué duele?. Duele. Mucho. Te despiertas y no sabes qué va a pasar. 


Porque a veces, como dice Joaquín Sabina, hasta las suelas de mis zapatos te echan de menos.
¿Pero sabes qué? Se pasa, siempre se pasa, te lo prometo.

1 comentario:

  1. Hola! he descubierto hace poco tu blog pero he de decir que me gusta mucho.

    Cuando echamos de menos a alguien al final siempre se pasa por dos razones: 1.- que la tengamos cerca. y 2.- que ya no sintamos nada por la otra persona y esas ganas de tenerlo se desvanezcan.

    En cualquiera de los casos, mientras se echa a alguien de menos, el dolor es casi como si nos hubieran rajado el corazón.
    Un besito

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